Hacer de los actos una consecuencia del pensamiento y no lo contrario; y ser consecuente con lo que se hace después de que mueren las horas de las conversaciones y las risas y llegamos a tiempo muerto.
Tiempo muerto que está más vivo que la tierra cuando se siente el punzar del viento sobre la piel; cuando se ven pétalos mojados y nubes pasajeras. Se percibe todo en constante movimiento, la música guía las letras, se adueña de la cuna de las ideas en medio de robots; y fotografías de ciudades y de rostros, de quienes aún no se han dejado enfermar, de quienes se niegan a intoxicarse.
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