LLegan trotando en caravana rogando hipnotizar al distraido que no los ve, entran por los oidos causando estremecimiento, la piel se eriza, hay 300 abejas zumbando dentro del panal que es la cabeza.
Todavía hay restos de olor a café y lágrimas que apenas se notan en los inquietos crisantemos ordenados en fila sobre el alféizar. Las notas humedecen los labios, la música se hace parte de algo en la nada.
La inseguridad dejó sobre la mesita de luz una diadema con espinas, ¡Qué cruel fué Minerva, quién no compartió sus alas!.
Mientras el viento me acaricia pienso en que la bifurcación en las ramas del árbol no culmina, se extiende hasta las raíces, y el tronco, aunque no se inclina, media entre los elementos, entre la liviandad y la pesadez, entre el soporte de la libertad y los nudos que le aprisionan pero le dan vida. He ahí la inconcordancia a la que algunos llaman cinismo y otros atracción; yo lo resumo en fuerza gravitatoria y elementos.
Para ese entonces el corazón ha cambiado de velocidad, ha palicedido el tacto del durazno por la fuerza y la humedad, y el deseo, y la justificación.
Un aliento expulsa un hormigueo que no cesa, los pies sienten viva la tierra cuando tocan la hierba desnudos, y eso se parece al efecto que tiene un cumplido cuando te has levantado con el pie izquierdo y no hay leche.
Es mejor no hilar preguntas donde las respuestas ya han sido dichas, es como abrir un regalo sabiendo qué es, el asombro enmudece. Mejor dejar de pensar para sentir o ¿será mejor sentir para no pensar?. Bien vendría una analogía elegante de la muerte, pero ¿Cómo comparar lo desconocido?. Con un supuesto que se materializa en la espera, en la ausencia, en el silencio, y en la tinta indeleble, en la fuerza de un abrazo.
Ese círculo que no se cierra y estas letras con olor a humo son un poco la expresión de lo confuso por inconcluso.
Todo recobra la calma, la lasitud pesa un poco, un perro duerme sin techo en la vereda. Al abrir los ojos la visión no se nubla y el panorama es blanco, dentro hay un vuelco acompañado de egoísmo y sinceridad.
Necesité solo un beso.

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